13.4.08

CAPITULO I I: MORENITA MIA.

CAPITULO I I: MORENITA MIA.


El único modo de ser feliz es no esperar gratitud, sino dar por el placer de dar.
Autor anónimo.


A las ocho de la mañana ya estábamos completos los integrantes del Club de las ocho y media, o sea don Miguel Inguanzo, el Lic. Alejandro Borrego, el Lic. Miguel González y yo. Nos encontrábamos, como de costumbre, en el vapor del Club Campestre, esperando que llegara el Cucas y nos acariciara el oído con su consabida frase: “Servicio de bar, a sus órdenes”. Al llegar éste, don Miguel nos pregunta:

-¿Lo de siempre?

-Lo de siempre, le respondimos.

Entonces pide cuatro olímpicas (cerveza, tequila y sangrita).

En cuanto nos sirven, dice el Lic. González:

Clarito oí que dijeron “salud”, y así empieza “el trabajo” de un nuevo día. Luego agrega: “Ya supieron lo que le paso a don Miguel el otro día? Estaba un merolico gritando: Ande venga y cómprela para que no se le doble, para que no se le arrugue. Don Miguel se acerca y dice: Dámelas todas ¿Qué son, píldoras o inyecciones? A lo que el merolico le replica: Viejo libidinoso; son micas para credencial”.

Como a las diez, ya con algunas olímpicas entre pecho y espalda, nos fuimos a los vestidores, y allí don Miguel invitó a un menudo literario, con doña Paz; yo me excusé porque tenía que ir a la oficina; pero en eso llegó el Lic. Jaime Urgel y me preguntó:

-Mi Johnny ¿andas crudo o borracho? Que inteligente soy ¿verdad?

- Mas que inteligente o perspicaz eres mal pensador; pero ni una cosa ni la otra. Apenas ando bien, y ya me voy.

-No le hagas, ya le pedí al Cucas tu cuba. Quédate un rato para que nos acompañes, ¿Cuál es la prisa?

-Es que hay mucho trabajo, y además tengo que ir a ver a la secre.

-No te culpo; más bien te envidio; esa secretaria tuya está tremebunda. Por cierto, te la traes de un ala. Ya me platicaron que donde quiera andan juntos.

-No es eso. Lo que pasa es que tiene un carácter muy peculiar, es muy voluntariosa y me acompaña a todas partes a donde la invito, y como nos ven juntos a todas horas, cada quien saca sus conclusiones. Bueno, me tomo esta y me voy.

Al llegar a la oficina mi corazón latía con rara y extraordinaria vehemencia; me recibe Anita con una sonrisa muy amable; pero, con su vivacidad innata, me reconviene:

-Tomaste ¿verdad?

-Bueno, tú sabes que trato de no tomar, pero hay una diferencia muy grande entre lo teóricamente posible y lo que realmente ocurre; es que me invitan y tomo… un poco nada más.

-Eso no está bien. Mira Tú eres muy inteligente, capaz y estás muy preparado, además, creo que eres responsable y a veces hasta te excedes en el cumplimiento del deber. Por ejemplo esos viajes que haces al Teúl y a Gruñidora los domingos, o más bien los sábados en la noche, para amanecer allá el domingo, trabajar todo el día y luego regresar en la noche para amanecer aquí el lunes y presentarte al trabajo. Todo eso lo desvirtúas, y tu esfuerzo (que nadie agradece) se vuelve nugatorio, y puede acusarte de prevaricador ¿a poco no?

-Como dijo Juanito Murga: “Ya no más ora y ya no”.

-Bueno, que conste. Como dijo Armanda, la amigo del Lobo Estepario; una palabra es una palabra.

Al terminar las labores del turno matutino, y de paso para Zacatecas, propuse que diéramos una vueltecita a la Bufa, y así se hizo; nos fuimos, pues, Anita, Toña, el Ing. Contreras y yo a la Bufa; compramos, con la venia y el perdón de Anita, una anforita. Estando allí nos sentamos en la escalinata de estilo antañón que conduce al atrio, y el Ing. Contreras, abusando de él cantaba muy bien y nosotros no, sugirió que integráramos un coro polifónico; al principio pensamos desistir de la idea, pero al fin accedimos y decidimos cantar algo conocido de todos; yo pedí que fuera Morenita Mía.

-¿Te gusta mucho esa canción? Preguntó Anita.

-Claro. Siempre me ha gustado; pero desde que te conozco me gusta más. Mira: me gustan muchas canciones; por ejemplo: La Madelón, Mi viejo San Juan, Aquellos Ojos Verdes, Desvelo de Amor, Vereda tropical, Mujer, Nunca, María Elena, Alborada, Sabrás que de quiero, Rondalla, Mil Besos, La Barca de Oro, que no sólo me gustan por su letra y su música, sino que son, como diría el Jibarito, recuerdos del alma (?) O de la mente. Entre los tangos, Cuesta abajo, Nostalgia, Volver, Adiós Muchachos, Uno, etc. A propósito de tangos, creo que tiene mejor voz Plácido Domingo, pero Gardel les pone mas sentimiento: yo imagino a Plácido vestido de smoking o de frac, en un elegante teatro (como la Scala de Milán), en un tanto que a Gardel lo percibo como vestido con un trajecito café, un sombrero con el ala gacha, en una cantina de un barrio bajo de Buenos Aires, aunque en sus películas siempre salía con el pelo muy engomado. Bueno, sería ocioso y prolijo enumerar todas las canciones que me gustan; basta con decir que la que me gusta más es Morenita Mía. Y a propósito de música y de músicos, dice que Beethoven fue un buen músico. Un tipo que pretende ser erudito o a lo mejor lo es (¡Pobres eruditos!) afirma que Beethoven “compuso nueve sinfonías, cinco conciertos para piano y orquesta, un concierto triple para violín, piano, cello y orquesta, un concierto de violín y dos romanzas para violín y orquesta, una ópera, un ballet, tres partituras de música incidental, dos misas, un oratorio, cuatro obras para coros y un sexteto, tres quintetos, diecisiete cuartetos, siete tríos para piano, una serie de variaciones para piano con diferentes instrumentos, cinco tríos para cuerda, un trío para flauta y cuerdas, un trío para oboe y cuerdas, diez sonatas para violín y piano, cinco sonatas para cello y piano una sonata para corno y piano y dieciséis series de variaciones para flauta y piano. . . y treinta y dos soberbias sonatas para piano, tres grupos de bagatelas, cuatro grupos de variaciones, tres rondós, una polonesa, una fantasía, una sonata para dos pianos y una serie de variaciones para piano y flauta, además de innumerables arreglos, y otras cosas que a mí se me pasan como la llamada “Sinfonía cero”; pero hasta donde yo se, no compuso nunca tango, o de perdida un danzón; por lo tanto, no creo que haya sido buen músico. Y hablando de canciones y de las mujeres bonitas que las inspiran, te voy a contar una cosa. Cuando estudiaba primer año de Secundaria, me encargó el Dr. Antonio Aguilar, profesor de Botánica, un estudio sobre el guayule. Fui a recabar informes a la Agencia de Agricultura; al entrar, a mano izquierda estaba una oficina, y en ella la mujer más bonita que había visto en mi vida; su rutilante belleza me dejó atónito; creí que tenía una alucinación; al preguntar quien era, me dijeron que se trataba de Josefina Campuzano, la secretaria del Veterinario Regional. Desde entonces mi mayor ilusión, mi desideratum fue ser veterinario para llegar a tener una secretaria tan bella como ella...Bueno, he tenido otros sueños dorados. De chiquillo, cuando vivía en la calle de Yanguas, tenía la ilusión de llegar a vivir en una casa que tuviera ventanas con vista a la Bufa; también he deseado ardientemente visitar en realidad la URSS, pues muchas veces, dormido, he soñado que he estado tanto en el tiempo de la Revolución, como en la actualidad. Bueno, no creas que no había visto mujeres bonitas; una compañera de escuela de mi hermana Esperanza, llamada Conchita López, era muy bonita; una compañera mía, de Secundaria, Juanita Pérez, no era muy bella, pero es una de las tres mujeres más sensuales que he conocido; en el cine pasaban películas con una Diana Durban, una Francoise Arnould que eran bellas, sensuales y seductoras como las circasianas; enfrente a mi casa vivía una muchacha extraordinariamente bella, se llamaba Silvia, quien a su vez era sobrina de una amiga mía muy guapa, llamada Tita Gómez; pero Josefina era superior a todas.

-¿A poco no más por eso estudiaste Veterinaria?

-Desde luego que no. Mi admiración y amor por Josefina fue una motivación poderosa, pero no la única; hubo otras, como por ejemplo las pláticas del Dr. Agustín Díaz, profesor de Zoología y Psicología, quien nos decía que en la Escuela de Veterinaria, al terminar y graduarse, a los ex-alumnos los mandaban a Argentina con el fin de que se especializaran; pero, sin duda, lo de la secretaria fue fundamental y decisivo, pues la verdad es que no tengo vocación para veterinario.

-¿Qué es vocación?

-Dicen que es una inclinación o afición a determinado estado, profesión u oficio. Los católicos dicen que es una inspiración divina, obtenida por revelación, que llama al sacerdocio. Yo no tengo vacación para nada. Hubo un tiempo en que pensé que tenía vocación para jardinero, paro ahora que estoy casado y mi mujer me ordena que riegue las macetas, creo que estaba equivocado.

-Si no tienes vocación, entonces ¿por qué estudiaste esa carrera?

-Ya te lo dije. Además, no te alarmes; la falta de vocación la he suplido con dedicación; una dedicación intensa. Por otra parte, me alegro mucho de haberlo hecho así, pues ahora se ha cumplido mi anhelo y tengo una secretaria como la deseaba. ¡Valió la pena estudiar para veterinario!

-Yo también estoy muy contenta. Fíjate que me dio mucho gusto cuando en el PRI me dijeron que iba a ser la secretaria del hermano del gobernador.

Bueno, en ese caso, mejor la secretaria del gobernador.

-No aspiro a tanto y, además, te conozco y te prefiero a ti.

-Te lo agradezco; pero, en realidad, yo soy muy sencillo, diferente a todos los demás. Todo mundo se siente satisfecho cuando acumula riquezas, y mis satisfacciones son otras.

-¿No te gustaría tener dinero?

-Aunque Séneca decía: “Grandes riquezas, gran esclavitud”, en cierto modo sí me gustaría, o como dicen algunos: no me gustaría tener dinero sino las cosas que se consiguen con dinero. Si lo que otros consiguen con dinero, yo lo consigo sin dinero ¿para que quiero dinero? Yo no soy como los franceses, que dicen: “L’amour fair beaucoup mais 1’argent fair tout” que, más o menos, quiere decir: si el amor puede mucho, el dinero lo puede todo. Yo pienso lo contrario.

-Pues de veras; al menos conmigo, bueno, eso sigo yo ¿a poco no?

-Pues eso es lo que digo; esos escritos a máquina para el libro de Inseminación Artificial, y otras cosas ¿o no? Bueno, en serio, te diré algunas de mis grandes satisfacciones, aparte de la dicha inefable de haberte conocido ese feliz dos de marzo de 1957. En segundo año de Preparatoria llevamos una asignatura llamada Ética, para terminar el ciclo y recibir nuestro diploma de bachiller nos faltaba presentar precisamente ese materia; como no se completaba el número de sinodales, tuvimos dificultades para que se efectuara el examen, hasta que el director del Instituto propuso que, sin el sinodal faltante se examinara al mejor alumno y luego éste pasara a formar parte del jurado; así se hizo y me examinaron primero a mí, luego yo, en compañía de los otros dos sinodales, examiné al resto de mi grupo; fue una satisfacción examinar a mis condiscípulos, pero la calificación no.

-¿Por qué no? ¿Acaso no aprobaste?

-Desde luego que sí, si no, no hubiera fungido como sinodal; pero me calificaron con 9; el único 9 que saqué en todo el segundo año.
-¿Un solo nueve?

-Claro. En todas las demás materias alcancé un 10. Por cierto que en la Literatura Francesa casi no me examinaron. Solo me preguntaron que si recordaba la frase del Gral De Gaulle cuando la derrota de Francia en la Segunda Guerra Mundial.

-¿Y la sabías?

-Por supuesto. Fue cuando dijo: “La France a perdu una bataille, mais elle n’a pas perdu la guerre”. En prepa tuve fervoroso deseo de aprender, la vigorosa determinación de llegar a ser alguien. Otra satisfacción la tuve cuando estudiaba quinto año de la carrera; sucede que en la cátedra de Clínica de Equinos tuve una discusión con el maestro, acerca de la histología de la piel, ya que estábamos viendo algo relacionado con la sarna; como consecuencia de eso, me corrió de la clase. Al día siguiente llevé una Histología de Costero y traté de enseñársela al maestro para que viera que yo tenía razón; pero no solamente no quiso verla sino que me dijo: “A Costero y a usted me los paso por los huevos”, me dio un bastonazo y me corrió definitivamente de su clase. Llegó el fin del año escolar, y pusimos como último examen precisamente Clínica de Equinos. Habíamos preparado un agasajo para dar por terminada la carrera; así pues, lo realizamos e invitamos al maestro de la última materia que presentamos. Estábamos tomando algunas copas cuando el maestro me llamó y me preguntó si recordaba aquella discusión; al contestarle que sí, me dijo: ”Mire García, usted tenía razón, pero yo no podía aceptarlo delante de todo el grupo”; luego me invitó a que saliéramos al jardín y mostrándome la estatua del maestro Mota me dijo:”Mire, cuando terminé mi carrera me llamó el maestro Mota y me dijo:”Zapata, ya me siento viejo y estaba preocupado porque no sabía quien ocuparía mi lugar; pero ahora que lo conozco, si se y me siento contento de que sea Usted”. “Bueno, García, ahora le repito yo eso mismo”. Después volvimos al aula Ramón Pantoja, donde estaban todos los demás compañeros. Esa fue para mí una gran satisfacción.

“Mi satisfacciones son algo raras; pero son mis satisfacciones. Cuando trabajaba en Inseminación Artificial tuve un jefe, el Dr. Rubén Fernández, quien nunca quiso permitirme que me dedicara a inseminar y ganar algunos pesos; siempre me decía: “Mire Juanito para inseminar cualquiera lo hace; pero a usted lo necesito en el laboratorio”. Yo le insistía en que a la hora de terminar mi trabajo en el laboratorio me permitiera salir a inseminar, pero siempre se negó. Sin embargo, él, que estaba considerado como el mejor clínico en bovinos, cuando tenía un caso difícil y me invitaba a que lo acompañara. Con eso yo no ganaba nada. Pero era muy satisfactorio, y lo sigue siendo.

-Ya lo creo. Tratándose de maestros ameritados.

-Poco tiempo después tuve otra gran satisfacción. Un día de tantos, se comunicó un mozo de la escuela que el director quería verme. Al llegar me recibió con un

-¡Uh! Juan, que lástima.

-¿De qué, maestro?
-Yo creía que usted iba a ser el mejor pasante de su generación, pero ya nos mandaron del Departamento Escolar los datos, y el mejor promedio lo sacó Villarreal.

-Bueno, el promedio más alto, pero, indiscutiblemente, el mejor pasante de nuestro grupo fue Jaime Romero.

-¿Usted cree?

-Absolutamente, maestro. Por todos conceptos, el tiene más capacidad, mayor preparación y dedicación, más recursos intelectuales para salir adelante en cualquier situación; además hay que tener en cuenta las circunstancias bajo las cuales estudió, pues tenía que trabajar para mantener dos familias.

-¿A poco tiene un segundo frente?

-No, maestro, de ninguna manera. Lo que pasa es que murió su padre, y por ser el mayor de la familia tiene que mantener a su señora madre y familia, además a su esposa e hijos.

-De todos modos, yo creo que el mejor es usted.

-Le agradezco su opinión, maestro, pero ni modo, así son las cosas.

-Mira Anita, te cuenta esto no para jactarme de mis logros, de mis triunfos, sino para que me conozcas mejor. No haber recibido a tiempo las preseas de mejor pasante cambió el rumbo de mi vida, o mejor dicho me llevó por otros derroteros; yo hubiera regresado a Zacatecas en plan de triunfador, a descansar unos dos meses, y después…quien sabe lo que hubiera sido. Poco tiempo después me fui a la Mixteca Alta, como jefe de una brigada de vacunación de la Comisión contra la Fiebre Aftosa. Unos meses después, pedí permiso y regresé a la Escuela, y nuevamente me volvió a llamar el director. Me recibió con estas palabras:

-Ya ve, yo tenía razón. En el Departamento Escolar hicieron una investigación minuciosa y resultó que usted y Villarreal obtuvieron exactamente el mismo promedio; pero como Villarreal hizo la carrera en seis años, el título de mejor pasante se lo adjudicaron a usted. Aquí tiene su diploma y su medalla. Y a propósito ¿por qué no fue a la ceremonia de Bellas Artes? El Sr. Presidente de la República hizo entrega de las preseas.

-Es que estoy trabajando en la C.M.A.P.E.F.A. y me comisionaron a Oaxaca.

-¿Y como le va por allá?

-Pues bien, en general, pero las condiciones en que se vive allá son pésimas. Tenemos como centro de operaciones un pueblo llamado Silacayoapan (Ninduyocanon, le dicen los mixtecos). Hasta allí se llega en vehículo, desde Huajuapan de León; pero para todos lados, sólo a caballo o mejor dicho, a lomo de mula. Yo conozco la zona desértica del noreste del país, la costa de Guerrero desde Ometepec hasta Zihuatanejo, el Valle del Mezquital; pero esos lugares son paraísos comparados con la Mixteca, allí sí hay pobreza. Todo el alimento que consumen consiste en chimole; es una especie de atoles que hacen de maíz chile y una vaina muy delgada parecida al mezquite, eso es lo que toman en la mañana, al mediodía y en la noche. Hacen sombreros tejidos de palma, les pagan tres centavos por cada sombrero. Ahí sí hay pobreza, maestro; no pobreza sino indigencia, los muchachos de 14 ó 15 años parecen ancianos de 70 u 80 años.

-Creo que sería mejor que renunciara y se viniera a hacer su tesis, y se recibiera.

-Bien pensado, maestro. Yo creo que lo primero es recibirme, además de que en la Aftosa hay sus cosas. Cuando estuve en Pachuca, de desinfectador, todo transcurrió normalmente, igual que ahora en Oaxaca; pero cuando andaba en el Estado de Guanajuato, la vi muy cerca.

-¿Qué pasó?

-En ese tiempo estaba de vacunador, recurrimos desde San Miguel Allende hasta Acámbaro. Estando establecidos en ese lugar salimos un día hacia Maravatío, al llegar a la plaza, nos empezaron a rodear, y al rato estábamos completamente cercados; lentamente se iba reduciendo la circunferencia, y yo pensé que se iba a repetir lo de Senguio (donde lincharon a todos los integrantes de la brigada; pero repentinamente se bajó de un jeep el sargento Sulpicio y con grandes voces nos dijo que por radio le comunicaron de Acámbaro que acaba de salir rumbo a Maravatío el Gral. Galarza con su escolta; al escuchar esto, los campesinos retrocedieron un poco, dejando un portillo; Sulpicio nos apresuró a que subiéramos a los vehículos y nos fuéramos, ya en el camino le dijimos que para qué nos íbamos si el general estaba por llegar, y él nos dijo que qué general ni que ocho cuartos, que nos acordáramos de que no habíamos tenido tiempo de instalar la antena del radio portátil. En realidad nos salvamos gracias a la astucia del sargento Sulpicio; pero la vimos muy cerquita. Bueno, ahorita voy con Fernández de Castro a renunciar, y a comunicar telegráficamente a Acatlán que ya no regreso.

Reanudando nuestra plática en la Bufa, el Ing. Contreras dijo: “Claro que es una satisfacción recibir un diploma y una medalla por haber sido el mejor pasante”. Ante lo cual le digo: Bueno, la satisfacción principal no fue por haber recibido esas cosas, sino por el comentario primitivo del director. Otra satisfacción la tuve cuando trabajaba en el Instituto de Investigaciones Pecuarias: sucede que un día me dijo el Dr. Aurelio Málaga, que era quien sabe que de la Oficina Sanitaria Panamericana, que nos había estado observando a todos los veterinarios, y los únicos dos que valíamos la pena éramos el Dr. Manuel Ramírez Valenzuela y yo; me preguntó que si aceptaría una beca a Canadá, a Ontario Veterinary College, para hacer una maestría en Salud Pública. Estuve de acuerdo y se iniciaron los trámites, pero no fui debido a que, en esos días me invitaron para ir a trabajar a Nicaragua, y preferí eso.

El Ing. Contreras dijo que nos iba a deleitar con “Collar de perlas”. Al terminar, me preguntó Anita:

-¿Así es que no fuiste a Canadá?
-Por esa vez no se pudo. Tengo mala suerte con las becas. He perdido tres oportunidades. Cuando salí de la Escuela me dieron una beca para ir a Italia, al Instituto Lázaro Spallanzani de Milán, para especializarme en Inseminación Artificial, con el maestro Telésforo Bonadonna. Y no fui.

-Esa ves ¿Por qué?

-Es que tuve un accidente muy grave.

-¿Que te paso?

-Pues me casé.

-¡Ay! como eres.

-Esa es la verdad. Bueno, esa fue la primera vez; la segunda fue la de Canadá; la tercera fue cuando, estando en Nicaragua, iba a ir a Panamá, a la Oficina Sanitaria Panamericana, a especializarme en Fiebre Aftosa, esa vez no fui porque ya teniendo todo arreglado, o sea la invitación, la autorización del gobierno de Somoza, la visa, el boleto de avión, el cheque con los dólares para los gastos, etc., se me enfermó una de mis hijitas, llamada Rosa Elena.

-Entonces ¿no fuiste por culpa de Rosa Elena?

-No precisamente eso. No fui a causa de ella, pero no por su culpa, pues era una niñita que todavía no cumplía un año. Fíjate: tenía todo arreglado, y la víspera del día señalado para salir fui a Diriamba a despedirme del Ing. Silvio González Baltodano, que era el vice-Ministro y muy amigo mío. Al regresar me encontré a Rosita en su cuna, con una fiebre muy alta, y en la cama mi señora llorando, no podía dejarlas así, y menos en un país extraño donde no conocía a nadie. La llevamos con varios médicos, pero no sabían que tenía. Por fin el Dr. Armando Benard, el mejor pediatra de Nicaragua, me dijo que me resignara a que Rosita siempre estuviera enferma a causa del clima, y que el día menos pensado se muriera. Desde luego que no me resigné y esa fue la causa no únicamente de no ir a Panamá, sino de regresarme a México.

-Toña quiere que ya nos vayamos, porque tiene que ir a confesarse.

Esto origina una pequeña plática acerca del clero. Luis me dice:

Si vieras, Juan García, como son los curas. Cuando vivía en Nieves, fui una tarde al jardín y escuché un diálogo entre dos señoras. Una le decía a la otra que estaba muy contenta y que ya tenía ganado el cielo porque su hija era la amante del señor cura; y la otra le contestó muy ufana, que era una coincidencia, pues la hija de ella también tenía amoríos con el padrecito. Y eso no es nada; cuando estudiaba en Ciudad Juárez nos daban en la comida sal nitro; pero a pesar de eso, algunos sábados en la noche nos salíamos del internado y nos íbamos a cabaretear, Una noche me encontré, disfrazado de hombre, al cura de Nieves. Desde entonces no voy a las misas, y cuando tengo que ir a algún bautizo o boda no doy limosna, qué caray, pues ya se a donde va a dar lo de la charolita.

Anita toma la palabra y dice:

-Es cierto. Los curas son como el demonio. Fíjense que yo estudié en la academia del Sagrado Corazón. Todos los días llegaba el director y nos enseñaba fotografías no solo pornográficas sino francamente obscenas y nos preguntaba: “¿No te gustaría estar así?” y luego llegaba por atrás y a algunas de las más grandecitas les metía las manos por debajo de los brazos y les acariciaba los senos: a algunas se las llevaba, como dice el corrido de Tayahua, a dar una vueltecita, y al poco tiempo ya no iban porque, según decían, se les inflamaba el hígado.

-Ustedes son unos herejes, hay que tomar en cuenta la moral cristiana. Dice Toña.

-Herejes o apóstatas-dice Luis-; pero así son las cosas, además entre la religión y la moral existe una eterna e íntima armonía, pero no dejan de ser formas esencialmente diversas. Por otra parte, una cosa es la religión o religiones tal como las concibieron quienes las inventaron, y otra muy distinta es la forma en que actúan los que se dicen ser sus seguidores o adeptos. Tú, Toña, eres intolerante, y la intolerancia viene de la soberbia, que es una de las mayores lacras de la tenebrosa historia de la Iglesia católica.

Entonces, para disgusto y consuelo de Toña, intervine:

-Bueno, yo conozco muchísimos casos semejantes o superiores. Podría contarles cientos de anécdotas, pero sólo les referiré dos: cuando vivía en Torreón, mi Tía Cuca me obligaba a ir a la doctrina y a misa; en ambos lugares los curas se dedicaban a denigrar a los republicanos españoles; decían que había que matar a todos los malditos rojos; era a principios de 1937, y yo ¡a los once años! me convertí en antirreligioso, anticlerical y socialista, para siempre, allá en México, por el cambio de Dolores, hay un templo que le llaman la Ermita Sabatina y que está consagrado, según eso, a la virgen del Carmen; poco después de que se incendió, estando en construcción, los domingos ponían sus micrófonos con bocinas en la calle, y gritaban: “Esto pasó por castigo de Dios; Dios estaba enojado porque la construcción era lenta, no daban limosnas suficientes, así es que de ahora en adelante sus aportaciones deben ser mayores, además esta virgen sí es milagrosa, hace milagros grandiosos, no es como otros santos que sólo hacen milagritos”.

-¿A poco eso decían?

-Por supuesto. Además, a la hora más importante de la misa, al pasar la charola, llegaban “carmelitas descalzos” en un cádilac último modelo y se bajaban con unas charolotas de plata a recoger los donativos. Bueno, aunque es un gran porcentaje, casi total, los sacerdotes católicos son nocivos para la comunidad, hay o han habido algunos que son benéficos y, por lo tanto son estimados justamente. No todos los curas son censurables, no todos son como Jerónimo Savonarola; hay algunos a quienes todos los mexicanos veneramos, Hidalgo, Morelos, Matamoros, Fray Servando Teresa de Mier, Miguel Ramos Arispe, José María Luis Mora, de quienes podemos decir, con toda justicia, como don Melchor Ocampo al referirse a los curas Manuel Antonio Gómez y José María Alas: “¡Curas desinteresados! ¡Hombres benéficos! ¡ciudadanos patriotas!”.
Interviene Anita:

-¿Por qué dices que la parte más interesante de la misa es cuando pasan la charola?

-Pues porque, en medio siglo, todo ha cambiado en la misa, menos eso. Antes, las mujeres tenían que ir con la cabeza tapada, los curas con un gorrito negro, se colocaban de frente al altar, hablaban en latín, para la comunión los creyentes se ponían de rodillas y se formaban en fila a lo largo del altar, en el Padre Nuestro decían: “perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, etc. Todo ha cambiado, menos lo de la charolita. En la liturgia de Las Horas del Pueblo, aprobada por la Conferencia Episcopal de México, y confirmada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, se dice que antes de recitar el Padre Nuestro el celebrante debe decir: “Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó Jesucristo”; pero ahora dice: “Fieles a la recomendación de El Salvador, y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir”. Antes decían: “No soy digno de que vengas a mi”; ahora dicen: “No soy digno de que entres en mi casa. Antes, después de la lectura y proclamación del Evangelio se recitaba El Credo; Ahora, el cura pregunta: “¿Creen en esto? ¿Creen en aquello? ¿Creen en lo otro?. Antes sólo se ejecutaba música de órgano; ahora hasta guitarras eléctricas y mariachis. Ahora se acostumbra dar “el saludo de la paz, que muchos aprovechan para besuquear a las muchachas bonitas. Sería prolijo mencionar todos los cambios, pero recuerden que antes decían: “el señor esté con ustedes”; ahora dicen:” el señor está con ustedes”. Antes los curas usaban sus faldas negras, ahora se visten con sotanas de colores.

-¿Vas a defender a los curas? Dice Luis

-No, desde luego que no, pero yo conozco uno que vive en Concha del oro, es el padre Reveles. Todo mundo lo quiere. Ya está viejito, así es que no se como sería en su juventud. Hay algunos otros que también son honestos y bondadosos, de buena fe; con estos me pasa lo que a Nietzche, quisiera redimirlos de su redentor. Con los que no se puede razonar es con los iñiguistas.

Después de dejar a las muchachas en su respectiva casa, dice Luis:” Te invito un tequila en El Gallito”. Vamos, y al intentar tomar su copa se le derramó, pues estaba temblando como azogado, de miedo, porque, dijo, Anita apenas está aprendiendo a manejar y se trajo el jeep todo el camino. Yo le dije, con cierta sorna, que hay que ser como mi compadre Chón Molerés, quien decía que él sólo tenía miedo de llegar a tener miedo.


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Un día estábamos en la casa, de sobremesa, conversando acerca de la amistas, y algo dije sobre mi amistas con Anita, comparándola con la de mi esposa con sus amigos y amigos. “Pero entre ustedes hay algo más que amistad”, dijo mi señora. “¿Cómo qué? Le pregunté.

-Hay cariño.

-Desde luego que sí. Yo creo que puede haber cariño o afecto sin amistad, pero no amistad sin cariño. Por otra parte, no se por que mucha gente tiene miedo a decir las cosas como son: dicen algunas mujeres: “a fulanito le tengo estimación, pero no afecto, no lo quiero”, como si tuvieran miedo o se avergonzaran de quererlo. Para mí, no hay diferencia, o por lo menos no mucha, entre aprecio, estimación, afecto, simpatía, cariño, amistad e incluso amor. Yo, por mi parte, no tenga empacho en reconocer y decir que amo a Anita.

-Descarado ¿ya ves? ¿Por qué tienes tanta amistad?

-Bueno, es que coincidimos en lo principal; nuestros puntos de vista no son unánimes, pero las diferencias están muy lejos de ser antagónicas, siempre prescindimos de nuestras divergencias secundarias; por otra parte, yo he leído y oído muchas definiciones de amor; pero la mas sencilla y la que me parece mejor es la que dice que amar es desear el bien a la persona amada, y yo deseo, de todo corazón, al bien a Anita; por lo tanto, la amo, y a nadie tengo que ocultárselo. El mismo San Agustín, que no se distinguía por su agudeza mental, dijo: “Ama y haz lo que quieras. Porque amando sólo se realizan acciones que busquen el bien del amado”.

-Además ¡Anita no es tan bonita!

-Bueno, dicen que hubo un escultor que hizo una estatua de mujer, a la que todos los días contemplaba en éxtasis, con embeleso (como Pgmalión a Galatea). Y un día uno de sus amigos se atrevió a decirle, crudamente, sin consideración: “ No es tan bonita”, a lo que él respondió con benevolencia: “ Mírala con mis ojos y te parecerá una diosa”. A este respecto dice Kante que: “Las diferentes sensaciones de contento o disgusto obedecen menos a la condición de las cosas externas (extramentales) que las suscitan a la sensibilidad peculiar de cada hombre para ser grata e ingratamente impresionado por ellas”. Por otra parte, la definición más aceptable de belleza es: “Lo que gusta”.

-En ese sentido tienes razón.

-Yo creo que en todos. Además, tú deberías, si eres honesta contigo misma, estar agradecida con Anita. Para ti una de las grandes satisfacciones de tu vida es haber conocido a Praxedis y a Julio.

-¿Y eso que tiene que ver?

-Pues verás, recién llegado, me asignaron una comisión para ir al Teúl de González Ortega, y cuando regresé hice mi recibo de viáticos a razón de doce pesos diarios; esto originó una tremenda regañada de parte de Pancho (el Sr. Gobernador), quien con un exceso de energía y de autoridad me dijo que era un abusivo ya que todo mundo cobraba diez pesos; pero el hermano del gobernador (es decir, el hermano de Panchito) cobraba más, y que dentro de cien años cuando un historiador registrara el archivo de la Tesorería, se iba a encontrar con esa situación, y luego él que va a pasar a la historia en letras de oro, en qué lugar iba a quedar, desde luego que modifiqué mi recibo; pero esa actitud me cayó muy mal; creo que hubiera sido suficiente con un recado a través de uno de sus ayudantes, o del propio Tesorero. A los políticos inmaduros, que se marean con el Poder, los ofusca vanidosamente, el probable juicio de la historia, de la posteridad; quieren alcanzar la gloria a como dé lugar. Tiempo después de lo referido, cuando ya habían cambiado las oficinas de la Dirección de Ganadería al Palacio de Gobierno, me mandó llamar para endilgarme otra filípica de antología; esta vez porque habían blanqueado las oficinas de la Dirección, porque urgía hacerlo; al final del regaño me dijo que la mitad del costo la pagaría yo, y la otra mitad el Secretario General, por complaciente al haber autorizado ese gasto; agregó que en Zacatecas nada más él mandaba. Esa ya no lo aguanté y decidí regresarme a México o a Managua, bajé la oficina e hice un borrador de oficio presentando mi renuncia irrevocable; se lo di a Anita para que lo pasara a máquina, pero al leerlo se puso a llorar y me dijo: “No te vayas, acabo de conocerte y me quieres dejar sola, no sabes cuanto sufro en mi casa, desde los cinco años, por muchos motivos; tú eres mi único consuelo”. Así que rompí el borrador, y me quedé. Si no hubiera sido por ella, tú no hubieras conocido a Praxedis y a Julio.

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Don León Luévano nos invitó a todo el personal de la Dirección de Ganadería, a una comida en Palmillas, del municipio de Ojocaliente; cuando ya estábamos sentados a la mesa, Anita a mi derecha, me preguntó don León:

-¿Es su esposa?

-No. No soy tan afortunado. Es mi secretaria.

-Pues de todos modos es muy afortunado.

-Ya lo creo que sí. Dicen que dijo Alcestes: “Amo y estimo a mi mujer porque es bella, cariñosa y discreta”. Por mi parte, estimo que Anita, además de esas cualidades y tener un cutis de kermess y unos ojos como dos luceros, es eficiente, responsable, pulcra, cuidadosa, diligente y tolerante; es una criatura interesante; es infinitamente mexicana y zacatecana; se diría que es una de las tres gracias. John Kyats dice que: “A thing of beauty is a joy for ever” o sea; una cosa bella engendra un placer para siempre. Nunca había tenido una secretaria así.

Nos sirvieron copa de arroz y mole; en esa ocasión les enseñé cómo se como el mole: metí los dedos de la mano derecha, y luego me salpiqué la guayabera, después agarré una pierna (del pollo) y con ella me embadurné la cara, después me dediqué a comer sin ningún pendiente, ni preocupación.

Al regreso, bajo los efectos de la euforia etílica, veníamos cantando con Luis como director. Anita dijo que en ese momento se sentía feliz. Todos veníamos felices. Creo que la Humanidad tiende y trata de ser feliz; para ello hay que tener muy en cuenta lo que decía Marcel Steinbrugge: “Those who analize life, do not enjoy it”. Acerca de la felicidad se han dicho muchas frases que han llegado a ser célebres, como: la de Germán Dehesa que dice: “La felicidad es un obligación de la inteligencia”. “La vida es larga cuando es miserable, pero breve cuando es feliz”, de Publio Siro, y “Nadie es feliz durante toda la vida”, de Eurípides.

A mi entender considero que una forma de lograr ser feliz, quizá la única, consiste en descubrir la verdad, contemplar la belleza y hacer justicia. En cuanto se refiere a la verdad es difícil saber la connotación precisa de este término. Algunos tratadistas hablan de verdad absoluta o fundamental, que posiblemente nadie llegue a captar, y verdad relativa, o sea nuestra verdad. A este respecto dice Leopoldo Zea que: “el problema de las relaciones de la filosofía con su historia está íntimamente ligado al problema de la verdad. Si la verdad es concebida como algo intemporal, eterno, las relaciones entre la filosofía y la historia serán puramente accidentales. Las verdades de la filosofía serán verdades con independencia con independencia de cualquier realidad histórica. En cambio, si le idea que se tiene sobre la verdad es la de que ésta es de carácter circunstancial, las verdades de la filosofía estarán ligadas entonces a un determinado espacio y tiempo. Las verdades serán históricas. Las verdades de la filosofía no son verdades absolutas en el sentido de eternas, sino absolutas en el sentido circunstancial, es decir, que valen en forma absoluta para una circunstancia dada. Al negar que existen verdades eternas, está afirmando una verdad que pretende ser absoluta, está entrando en polémica con otra concepción de la filosofía”. San Agustín decía que: “verdad es lo que es”. El diccionario de la lengua castellana la define diciendo que es la conformidad de lo dicho con lo pasado; el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Selecciones Reader’s Digest, dice: Verdad (del latín varitas) conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente; juicio ó proposición que no se puede negar racionalmente. Se afirma que la Teoría del Conocimiento es la teoría del pensamiento verdadero; en el conocimiento se hallan frente a frente el sujeto y el objeto. Dice Hessen que el concepto de la verdad se relaciona estrechamente con la esencia del conocimiento; según la concepción de la conciencia natural, el conocimiento consiste en forjar una imagen con el objeto. Para Baltasar Gracián “el camino de la verdad, y la verdad de la vida” es un justo medio entre dos extremos de toda naturaleza. Aunque es probable que la única verdad verdadera sea la que expresaban los antiguos filósofos griegos cuando decían que de la nada venimos y a la nada vamos, por lo que, en fin, no somos nada. Aunque no hay que olvidar el concepto comptiano que dice que: “lo único absoluto es que todo es relativo”.

Los estoicos concebían la belleza como la expresión de la simetría, y decían que ser bello es ser proporcionado, y agregaban que si el todo es bello, las partes también lo serán. Para apreciar justamente lo que es la belleza deberíamos de leer, cuando menos, el alma belleza y la contemplación (de Platino), observaciones sobre el sentimiento de lo bello y de lo sublime (de Kant), “De lo bello y sus formas” (De lo bello y sus formas)” (de Hegel), y habida cuenta de que las bellas artes o sea, la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía y la música tienden a realizar la belleza, también la “Filosofía del Arte” de Taine. Decía Platino que la belleza es una iluminación de la materia por alguna idea, y que está en lo inteligible. Kant comparaba lo bello con lo sublime y decía que lo sublime ha de ser siempre grande, admirable; lo bello puede ser pequeño que el día es bello y la noche sublime; lo bello encanta y lo sublime conmueve; refiriéndose al hombre decía que la inteligencia es sublime, el ingenio bello; en las cualidades morales solo la verdadera virtud es sublime. Lo bello, dice Hegel ha sido representado como no teniendo realidad fuera de nosotros mismos, sino como un sentimiento, como una fruición, como algo puramente subjetivo; por lo que se llama a lo bello, idea de lo bello. Según mi parecer la belleza es la armonía de las cosas, que nos infunde deleite. Decía Goethe que “la belleza es superior al bien, por estar este comprendido en ella”.

Aunque el punto toral del concepto justicia se ha mantenido sin grandes variaciones, a través del tiempo y del espacio que le han interpretado de diferentes maneras. Los escolásticos afirman que justicia es dar a cada quien lo que merece. Aristóteles decía que la justicia exige que “los iguales sean tratados de igual manera”. Bodemheimer dice que el primero y más importante de los mandamientos de la justicia es “tratar a hombres iguales, en circunstancias iguales, de modo igual”. El nuevo diccionario Academia dice: justicia: virtud que hace dar a cada uno lo suyo. El Diccionario de Selecciones trae muchas acepciones, entre otras las siguientes: (del latín justitia) lo que debe hacerse según derecho o razón; una de las cuatro virtudes cardinales.

Claro que todo esto conlleva la idea de practicar la virtud en plena libertad, para vivir con tranquilidad, es decir, en paz. Es necesario, pues, aclarar que es virtud. Los cristianos, y en general los religiosos, dicen que virtud es una disposición del alma para las buenas acciones; algunos diccionarios las definen como el recto modo de proceder o integridad de ánimo y bondad de vida. Una buena definición es la que da la liturgia de la masonería, del rito escocés llamado antiguo y aceptado, la que declara que: “Virtud es el esfuerzo que domina las pasiones. Para que exista ha de haber lucha, y no debe confundirse jamás con la honradez, la benevolencia ni la beneficencia. La primera se halla a menudo en los apáticos, la segunda en los débiles, y la tercera puede maridarse con el vicio, y ningún apático, ningún débil, ninguno que delinca es virtuoso”.

Aunque algunos ermitaños dicen que son felices, yo creo que es una felicidad egoísta, pues no la comparten con nadie, ni le proporcionan felicidad a nadie. Considero que es necesario practicar la amistad para ser plenamente felices. Ese gran pensador y guía de la humanidad que fue Voltaire decía que: “Los reyes solo tienen vasallos; los príncipes, cortesanos, serviles; los gobernantes despóticos, correligionarios atemorizados; los políticos, partidarios interesados; los profesionales, colegas envidiosos; los comerciantes, asociados convencionales; los libertinos, compañeros de disolución; los viciosos, explotadores inmisericordes; los prostituidos, corruptores implacables; los hombres buenos son los únicos que son amigos”.

Este profundo pensamiento nos hace meditar sobre el significado y el alcance de la amistad.

Desde antiguo los hombres han exaltado la amistad. Epicteto, aquel esclavo liberto que por virtud de su sabiduría se convirtió en el apóstol de la dignidad estoica nos dice que: “Más vale un buen amigo que un mal hermano” y que varios traducen y plasman por: “Más vale un amigo cerca que un hermano lejos”.

En Grecia, aquel pueblo excepcional que en la antigüedad se convirtió en rector de la cultura por medio de sus filósofos, se rendía culto a la amistad, que representaban en la figura de una joven que vestía túnica sujeta con broches, descubierta la cabeza, una mano puesta sobre el corazón, la otra apoyada en un pequeño olmo, herido por el rayo, a cuyo tronco se enroscaba una vid cargada de racimos.

En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, Albrines, describe magistralmente la amistad, de la manera siguiente: “Siendo éste uno de los sentimientos más dignos y elevado de la humanidad, deberá ser uno de los que con más empeño patrocinara la Orden Masónica, como afectivamente lo hace, la amistad a más de proporcionarnos las mayores dulzuras durante nuestro corto tránsito sobre la tierra, nos da aún la inmortalidad después de la muerte, haciéndonos vivir en el recuerdo de aquellos seres queridos que dejamos en el mundo. Los antiguos (romanos) consideraron a la amistad como a una diosa que representaban bajo la figura de una joven, ceñida la cabeza con una corona de hojas de granado, de la que se veían salir cuatro de sus frutos, con las palabras “invierno y verano” ligeramente vestida con un blanco ropaje, que le dejaba en descubierto el lado izquierdo del pecho. Alrededor de la falda de la vestidura campaneaban escritas con letras de oro estas palabras: “La vida y la muerte”. Con la mano derecha señalaba su corazón y unas palabras escritas con letras de oro también que decían: “Cerca y lejos”. Por último con la mano izquierda empuñaba un pequeño olmo seco al que se enlazaba una vid. Se representaba a la amistad bajo la figura de una joven para simbolizar que ella nunca debe envejecer, y que sus cuidados, su ardor y su afección deben ser siempre lo mismo. Su ligero ropaje expresaba la franqueza sincera e ingenua desprovista de todo disfraz o disimulo que debe acompañar siempre a la amistad, así como su blancura simboliza su inocencia que le es característica.

Tiene el costado izquierdo desnudo, porque este es el asiento del corazón, nunca debe ocultarse a los amigos, y lo señala con la mano derecha para demostrar la fuerza que lo impulsa cuando quiere dar a conocer sus sentimientos. La primera divisa “cerca y lejos”, asegura que su corazón permanece siempre fiel a las personas que ama, tanto si están cerca como si se hallan ausentes. Tiene la cabeza descubierta para enseñar que un buen amigo está obligado a manifestar todos sus pensamientos al amigo, es decir, que no deben existir secretos para ambos. La corona de flores de granado ha sido siempre el emblema de la perfecta amistad, porque su color no cambia nunca, expresa el ardor y la inmortalidad de una ternura mutua y legítima, las cuatro granadas representan los cuatro manantiales de la amistad. Estas cuatro especies de comunicación son: La natural, la doméstica, la civil y la divina, o sea las que Plutarco llama la naturaleza, de parentesco, de sociedad y de amor sobrenatural, lo que demuestra que la amistad nace de la fuerza de la inclinación, de los deberes de la sangre, de los intereses de profesión, y de la unión que se tiene por los bienes que no perecen jamás. La divisa “invierno y verano” indica que la amistad es igualmente constante en la desgracia que en la prosperidad, que es lo que representan las dos estaciones. Últimamente las dos palabras grabadas en la falda del ropaje nos dan a conocer que la amistad es siempre la misma tanto en vida como después de la muerte, lo que viene a simbolizar de la manera más expresiva el olmo al que se abraza la lozana vid aún después de seco”.

Aristóteles decía que: “La amistad es una de las primeras necesidades de la vida; nadie aceptará la vida sin amigos, aún cuando tuviera todos los demás bienes. Cuando somos jóvenes pedimos a la amistad que nos evite cometer faltas mediante consejos; en la vejez solicitamos sus cuidados y auxilios a favor de nuestra actividad decaída. Finalmente cuando poseemos todas nuestras fuerzas también la necesitamos para llevar a cabo acciones brillantes. No solo es necesaria la amistad, sino que es hermosa. Alabamos a los que aman a sus amigos y algunos piensan que ser buenos o amigos es la misma cosa. La principal condición de la amistad es la benevolencia y por eso es erróneo creer que hay amistad para las cosas inanimadas. Sin embargo, la benevolencia no es la amistad, porque ésta es esencialmente electiva, quiere una preferencia, una distinción. Hay, pues, tres clases de amistad fundadas en el placer, el interés o la virtud, pero las dos primeras no son más que sombras de la amistad, la verdadera es la que sienten los hombres virtuosos porque se asemejan por su valor moral.

Existen algunas máximas sobre la amistad, como las de Alfonso Milagro, que dicen: “La amistad es muy diferente del amor; porque mientras el amor invade el cuerpo entero y lo estremece, a veces nace del capricho y del deseo y llega hasta la pasión, dejando ya de ser amor, la amistad sincera no busca su deleite, sino su único interés es cultivarse, ejercitarla, demostrarla”. “La amistad une más que la sangre y es más sincera y conciente que el amor”. “La amistad se fortalece y rejuvenece con el tiempo”. “La amistad la sabe apreciar quien piensa poco en sí mismo, quien no se preocupa por ser feliz, sino por hacer feliz al otro”. “La amistad encierra el secreto de la felicidad, que consiste en brindarla, más que en esperarla”.

El amigo perdona las ofensas, dice Israel Barrios Castro, porque pronto olvida, disimula los defectos del amigo porque sabe tolerar y exalta sus cualidades porque lo ama y respeta; goza si el amigo es feliz y sufre cuando el amigo sufre, lo consuela y trata de ayudar pudiendo en algunos casos llegar hasta el sacrificio sin que medie ningún interés mezquino.

Los que consideramos la amistad como un sentimiento digno y elevado, debemos cultivar a l mismo tiempo la fraternidad para que además de llamarnos amigos, logremos ser Hermanos. Si cultivamos un poco más el noble sentimiento de la amistad, nos sentiremos más cerca los unos de los otros para realizar el sueño de la verdadera fraternidad universal entre los hombres.

Creo que no existe ejemplo mejor de lo que es la amistad que la anécdota de Damón y Pitias en Siracusa. Cuando Dionisio condenó a muerte a Damón, Pitias se ofreció como rehén mientras su amigo iba a ver a su esposa e hijos; al regresar estaban a punto de ejecutar a Pitias pero Damón exigía ser ejecutado por ser el reo; Pitias también pedía ser él por no tener familia; maravillado Dionisio de que hubiera tal amistad, no ejecutó a ninguno, y les pidió que fueran sus amigos.

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